No empezó con una gran pregunta.
Empezó con un silencio raro.
Estaba solo, en el estudio de mi casa, revisando papeles viejos —de esos que guardas sin saber muy bien por qué— cuando me encontré con una libreta gastada. No era un diario. Tampoco apuntes de reuniones. Eran frases sueltas, ideas inconclusas, nombres de personas, flechas mal dibujadas. La abrí al azar y pensé: este tipo que escribió aquí… ¿sigue siendo yo?
Ahí apareció la pregunta. No como concepto, sino como sacudida.
- ¿Quién soy cuando no estoy trabajando?
- ¿Quién soy cuando no facilito, no explico, no acompaño?
- ¿Quién queda cuando se apaga el escenario?
Tal vez tú también te lo has preguntado alguna vez. O tal vez lo has evitado, que es más común.
Durante años creí que la identidad se parecía a un currículum: algo que se arma, se ordena y se actualiza. Pero con el tiempo entendí que funciona más como un álbum de fotos antiguas. Hay imágenes que se repiten. Otras que preferimos no mirar. Algunas que no recordábamos… hasta que vuelven.
Y no siempre vuelven de manera amable.
En mi recorrido como formador y facilitador he acompañado a muchas personas brillantes que sabían exactamente qué hacían, pero no tenían tan claro desde dónde lo hacían. Profesionales competentes, comprometidos, incluso exitosos… y sin embargo, desconectados de sí mismos.
Déjame hacerte una pregunta —de esas que no buscan respuesta inmediata—:
¿cuánto de lo que haces hoy responde a una elección consciente y cuánto a una inercia bien aprendida?
Hace tiempo, en una conversación informal después de una sesión, alguien me dijo:
—“Yo ya sé quién soy”.
Lo dijo rápido, casi como quien se quita un trámite de encima.
No respondí enseguida. Pensé en cuántas veces yo mismo había dicho algo parecido. Y pensé también en cuántas veces la vida se encargó de demostrarme que no era tan simple.
Porque uno cambia. Y no siempre porque quiere.
Cambia cuando fracasa.
Cambia cuando pierde algo importante.
Cambia cuando descubre que aquello que lo definía ya no alcanza.
Una de las cosas que más me ha ayudado en este proceso es escribir mi propia historia más de una vez. No para corregir el pasado, sino para entenderlo desde otro lugar. La misma escena, leída diez años después, dice otra cosa. No porque el hecho cambió, sino porque cambió el que mira.
Aquí va otra pregunta, esta vez más directa:
¿cuándo fue la última vez que revisaste tu historia sin justificarte?
No somos una versión definitiva. Somos una versión en curso. Y eso, aunque incomode, también libera.
He visto personas aferrarse a talentos que ya no les representan. Y otras renunciar a capacidades valiosas solo porque no encajan con la imagen que construyeron de sí mismas. Nos pasa a todos. A mí también.
Lo curioso es que solemos proteger lo que creemos que somos, incluso cuando ya no nos sirve.
La identidad no siempre se cae con ruido. A veces se desgasta en silencio.
Y aquí aparece algo que rara vez se dice: equivocarse no solo enseña; revela. Revela límites, miedos, deseos mal escuchados. Revela, también, lo que realmente importa cuando lo accesorio se cae.
Si te soy honesto, muchas de las decisiones más claras de mi vida no nacieron de momentos de éxito, sino de etapas confusas, incómodas, incluso dolorosas. Ahí, cuando el personaje ya no funcionaba, apareció algo más auténtico.
Tal vez por eso hoy desconfío de las respuestas rápidas a la pregunta “¿quién soy?”. Prefiero los procesos lentos. Los que se escriben, se tachan y se vuelven a escribir.
Te dejo tres preguntas para cerrar. No para hoy. Para cuando estés listo:
- ¿Qué parte de tu historia sigues contando igual desde hace años?
- ¿Qué vínculo, hábito o creencia ya no encaja con quien estás siendo?
- Si nadie te pidiera explicaciones, ¿qué versión de ti empezarías a vivir?
No se trata de reinventarse. Se trata de habitarse mejor.
A veces, la pregunta más importante de la vida no pide una respuesta brillante.
Pide honestidad.
Y un poco de valentía para mirarse sin atajos.
Si este texto te movió algo —aunque sea apenas—, no lo dejes pasar. Toma papel. Escribe. Borra. Vuelve. No para definirte, sino para escucharte.
Lo demás… se va acomodando solo.
Por favor, déjame tu valioso comentario en esta misma publicación.
Mira este vídeo sobre este tema: https://youtu.be/tWkz3oIsX-0
Escríbeme o agenda una llamada hoy mismo y comencemos.
WhatsApp: +1- (301) 448-5400
📧 Email: adrian.cottin@pcos-international.com
#Identidad #PreguntasEsenciales #ConcienciaPersonal #AprenderDeLaVida
#MirarsePorDentro #AprenderConSentido #Autoconocimiento #EducaciónConsciente #Mentoría #Coaching #CrecimientoPersonal #CoachingPersonal #CoachingProfesional #AdrianCottin #pcottin
Twitter: @pcottin @AdrianCottin Instagram: @AdrianGCottin