Lo que sucede cuando no lo estás buscando
- ¿Alguna vez has sentido que aprendiste algo sin proponértelo?
- ¿Que una conversación, una música o una imagen te dejaron más huella que horas de estudio?
- ¿Has pensado que quizás la mente guarda cosas que ni siquiera sabes que guardó?
Yo sí. Y desde muy joven.
Maracaibo, Av. Santa Rita, Quinta “Soledad”
Tenía quince años y vivía en mi Maracaibo natal, en esa casa de mis padres de la Av. 8, #74-25, que todos conocían como Quinta “Soledad”. Una tarde calurosa —y en Maracaibo casi todas lo son— me refugié en la sala para escapar del sol inclemente. La brisa era poca, pero suficiente para mover las cortinas. En la mesa había un libro que alguien había dejado, de esos que parecen llamarte por el lomo: hablaba de parapsicología.
En mi Colegio Gonzaga conocí, por primera vez, al padre Oscar González Quevedo, S.J. No lo conocía en persona, pero sus palabras tenían algo magnético. Hablaba de telepatía, percepción extrasensorial, experiencias fuera del cuerpo… cosas que en el colegio ni se mencionaban. Y yo, un adolescente curioso, sentí un chispazo. Algo se despertó.
No entendí en ese momento que esa lectura, casi furtiva, estaba sembrando en mí una idea que años después se convertiría en certeza: hay aprendizajes que no entran por el camino frontal de la voluntad, sino que se cuelan por otras puertas.
Más allá de lo consciente
Con el tiempo descubrí que eso tenía nombre: aprendizaje paraconsciente. Ocurre más allá de la mente consciente, pero no es del todo inconsciente. Es ese terreno donde una experiencia, un estímulo o una vivencia quedan almacenados y, cuando menos lo esperas, afloran como si siempre hubieran estado allí.
A diferencia del aprendizaje tradicional, que requiere repetición deliberada, el paraconsciente aprovecha lo emocional, lo sensorial, lo simbólico. Como digo en muchas de mis sesiones:
“El aprendizaje no siempre entra por la puerta principal. A veces se cuela por la ventana de la emoción.”
He visto esto en mis talleres cientos de veces. Personas que, semanas después de una actividad lúdica o una dinámica teatral, me cuentan que aplicaron algo que no recordaban haber “aprendido” formalmente. Y funciona porque la mente, cuando está libre de la presión del examen, trabaja mejor.
El rol del facilitador en este terreno
Un facilitador que quiere activar el aprendizaje paraconsciente no se limita a explicar: diseña. Y no cualquier diseño, sino uno que:
- Cree seguridad para que el error no sea un enemigo.
- Combine estímulos: música, color, historia, movimiento.
- Celebre cada avance como un momento importante, no trivial.
Recuerdo un programa de liderazgo donde, al final de cada sesión, dedicábamos tres minutos a celebrar un logro de alguien del grupo. No era un simple aplauso: a veces poníamos una canción corta, otras hacíamos un gesto colectivo. Al principio parecía un detalle, pero meses después, muchos decían que esas celebraciones eran el “marcador” en su memoria para recordar lo aprendido.
Preguntas para que te ubiques
Ahora te lanzo dos preguntas de verificación:
- ¿Recuerdas la última vez que aprendiste algo sin esfuerzo consciente?
- ¿Qué había en ese momento que lo hizo tan fácil?
Si las respondes, probablemente descubras que ese momento tenía tres ingredientes: emoción, sorpresa y ausencia de presión. Exactamente el terreno donde florece lo paraconsciente.
Mi llamado
El aprendizaje paraconsciente no es una curiosidad para la sobremesa; es un recurso poderoso. Como facilitadores, educadores o simplemente como aprendices de la vida, podemos buscarlo y provocarlo. No es dejar todo al azar, sino crear las condiciones para que la mente trabaje en segundo plano y, de pronto, nos regale resultados inesperados.
Así que, mi invitación es clara:
Atrévete a diseñar o vivir experiencias que dejen huella incluso cuando no las estés “estudiando”.
Porque, al final, el verdadero aprendizaje no solo llena la cabeza: te transforma.
Para que te acompañe después de leerme
- ¿Qué ambiente podrías crear mañana que despierte algo paraconsciente en tus estudiantes?
- ¿Qué experiencias de tu vida llevan años influyendo en ti… y apenas ahora lo notas?
- Si te dieras permiso de aprender jugando, ¿qué podrías descubrir?
El aprendizaje paraconsciente no es un truco ni un misterio reservado a unos pocos. Es parte de nuestra naturaleza, un río silencioso que corre debajo de todo lo que hacemos. Como facilitadores, maestros o líderes, nuestra tarea no es empujar ese río, sino abrirle cauces. Y eso se logra con intención, emoción y espacios donde la mente se sienta libre para jugar y descubrir.
Recuerda: “Lo que se vive con emoción no se olvida jamás”.
Así que sal ahí, diseña momentos que toquen el corazón, y confía en que, incluso cuando nadie lo esté buscando, el aprendizaje seguirá su camino. Porque cuando aprendemos más allá de lo consciente… nos transformamos para siempre.
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